La Tejedora Celeste: Un cuento de amor

En cierto tiempo de la China antigua, en un pueblo de la provincia de Henan, había un joven inteligente, soñador, trabajador y de buen corazón. Vivía con la familia de su hermano mayor, y aunque su cuñada le trataba con desprecio haciéndole trabajar sin descanso, su hermano no podía hacer nada contra su mujer. En las noches de verano, cuando muy tarde todavía trabajaba bajo la parra en el patio, tal vez porque soñara demasiado con un buen hogar y una buena esposa, veía en el cielo, como si fuera real, una chica hermosa que estaba tejiendo en su telar y que a veces le sonreía.

En una ocasión, la cuñada del muchacho le mandó a pastar en la montaña 9 toros y le dijo que no volviera hasta que se hubiera multiplicado hasta 10. El chico, como no tenía el décimo toro, quedaba exiliado, hasta que un día un hombre mayor le indicó que había en un lugar un toro muy viejo y herido que estaba por morir. El muchacho acudió prontamente a donde se encontraba el toro moribundo y al verlo, le tuvo compasión, es por esto que le curaba limpiando sus heridas con rocío de la madrugada por 49 días hasta que se sanara.

Entonces volvió a la casa de su hermano con este viejo toro. Pero su cuñada, que le tenía muy mala voluntad, intentó envenenarlo. Afortunadamente, un perro comió aquél veneno y él se salvó. Desde allí su hermano decidió que tuvieran que vivir separados, y la única propiedad que le concedió fue el toro viejo que les parecía inútil.

El pastor se fue lejos al campo y empezó a vivir en la compañía de su toro al que trataba muy bien, pero era muy pobre y ninguna familia quería casar a una hija con él. En las noches estrelladas, soñaba con la chica que veía en el cielo, y lamentaba lo imposible de su sueño. Un cierto día, el toro viejo cayó muy enfermo y moribundo, lo que entristeció enormemente a su amo. Para su sorpresa, el toro habló idioma humano y le dijo: no te entristezcas tanto, pues soy un dios del Cielo, castigado por el dios Soberano Celestial que me transformó en un toro, porque robé desde el cielo semillas de cereales para beneficiar a la humanidad. Ahora llega el tiempo de liberarme del castigo.

El toro antes de morir, le indicó al joven guardar su piel que le iba a ser útil algún día e ir a un lago cercano para encontrar una buena esposa para él. Es así que en la fecha indicada, el 7 de junio, nuestro protagonista llegó a un secreto y hermoso lago, se escondió detrás de un arbusto y esperó. En un momento, llegaron 7 chicas de belleza inigualable que se bañaban en el lago con mucha alegría. El chico salió sigilosamente, agarró las ropas rosadas de entre las 7 vestiduras de las doncellas, tal como le había indicado el animal, y comenzó cantar. Cantó de una forma tan melodiosa que las jóvenes se regocijaron con su canto, pero pronto se dieron cuenta de su presencia y azoradas, se apresuraron a ponerse su ropa. Volando, todas abandonaron el lago, menos la chica cuya ropa estaba en posesión del muchacho, por lo que permaneció escondida en el lago, muy avergonzada.

Nuestro héroe se aproximó a ella y distinguió que justamente era la joven tejedora que veía desde debajo de la parra en las noches estrelladas, la que él había soñado tanto. En realidad, ella era la hija menor,  la más hermosa y bondadosa de las 7 hijas del dios Supremo del Cielo; ella era famosa por su maestría en tejer y desde el cielo, siempre imaginaba cómo sería la vida de un mortal que puede querer y amar.

Ella también reconoció que él era el pastor de buen corazón que observaba desde cielo. Le pidió devolver su ropa para que pudiera regresar a su hogar paterno. El chico prometió devolver su ropa, con la condición de que se quedara y se casara con él. La chica, con lo que sabía de él, le tenía afecto, pero propuso que convenía cumplir la ley del Cielo. Él expresaba su enorme devoción hacia ella, y le insistió que juntos vivirían felices. Al final la chica asintió a la propuesta, y juntos volvieron al pueblo de él, se casaron y se amaban tiernamente. Con su diligencia para labrar la tierra y con la maestría en el tejer vivían una vida cómoda y feliz, y al poco tiempo tuvieron un hijo y una hija.

Muchos años habían pasado en la tierra, mientras que muy poco tiempo en el cielo. Un día, la Emperatriz del Cielo, madre de la Tejedora, echó en falta a su hija. Llegó a saber entonces, que se había mezclado con el mundo terrestre, lo que estaba estrictamente prohibido por la ley del Cielo. Se enfureció tanto que envió a sus oficiales a la tierra a arrestarla.

Los oficiales bajaron prontamente a cumplir las órdenes encomendadas, capturaron a la joven tejedora y la arrastraban por el firmamento. El llanto de los niños hizo volver a casa al padre que estaba trabajando con sus cultivos. Los oficiales se estaban alejando en el cielo con su esposa aprehendida, mientras él como mortal no podía volar. En su desesperación, recordó que el toro dejó su piel, que debía ser algo especial, la sacó, se puso sobre su cuerpo, y enseguida despegó para perseguir a los oficiales. Después de mucho volar, estuvo por alcanzar a los oficiales y recuperar a su amada pero en este momento, la Emperatriz, que contemplaba todo desde el Cielo, con su horquilla, marcó una línea que partió el cielo en dos, conocida en nuestro mundo como la Vía Láctea.

Y así los dos amantes se quedaron separados por este río grande, llorando sin consuelo. Su llanto era tan triste, que se conmovieron las urracas, que se juntaron formando un puente para que los dos se unieran. La Emperatriz, para mostrar benevolencia, consintió que cada año pudieran reunirse una sola vez, el 7 de julio de calendario lunar chino. Y qué pasa en esa noche?: la gente observa que las urracas vuelan para el cielo para hacer el puente, las chicas se juntan para orar que tengan habilidades en los quehaceres domésticos de la tejedora, y que encuentren un amor tan bonito como el suyo.

Dicen que en esta noche, si uno se pone debajo de una parra, en medio del silencio en el que se puede percibir el sonido de una aguja de coser al caer, se puede oír los susurros de amor de la pareja, que se reúne únicamente en este día del año, que es corto pero su felicidad es enorme, y la felicidad perdura, porque no se basa en los momentos que están reunidos, sino en el amor mutuo y eterno que llevan dentro. Este es el cuento del pastor y la tejedora, que da origen al día de los enamorados chino, que es parte de cultura de todos los individuales de China.

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