Cómo son los chinos

Esto es lo que he podido aprender de la forma de ser de los chinos luego de diez años de establecer lazos profesionales y familiares con ellos.

Para empezar, uno de los errores más frecuentes que cometemos al considerar a los chinos es pensar que “entrando en confianza” se contagiarán del espíritu latino. Esto nos puede causar muchas decepciones en el trato con ellos. La realidad es que tienen una escala de valores y visión del mundo totalmente diferentes a occidente, en prioridades e intensidad, lo que, desde nuestra perspectiva, incluso nos puede llevar a pensar que son contradictorios.
En primer lugar, los chinos guardan recelos naturales con la gente extranjera, no solamente como una reacción natural de cualquier persona a lo desconocido sino como parte de su cultura. En cambio, pueden llegar a hacer grandes acuerdos de palabra con sus paisanos y respetarlos de la misma forma que si tuvieran un documento firmado, lo que me resulta definitivamente sorprendente. Podríamos decir que también los latinos somos así, pero… no es cierto. Las deudas para los chinos son sagradas, tanto en dinero como en cosas que se prestan. Cuántas veces les ha pasado que alguien les dijo préstame diez dólares, ojo, dijo préstame, no regálame y cuando le mencionaste el pago por poco quedaste de un miserable avaro por cobrar una deuda tan pequeña. Pues eso no pasa con ellos. Ni te mencionarán la deuda, ni la persona que debe dejará pasar mucho tiempo para pagarte. También les habrá pasado que prestaron el típico libro, CD o chaqueta en un día de lluvia y jamás lo volvieron a ver.
Otro rasgo particular es la distancia con la que se relacionan con los demás. En la cultura latina, cuando nos presentan a alguien, es natural que saludemos con beso en la mejilla (es decir, le besamos a cualquier desconocido), que al despedirnos hasta nos abracemos con quien nos cayó bien o que al poco tiempo de entablar la conversación, empecemos a hacer preguntas del tipo: Qué edad tienes? Estás casad@, solter@, tienes novi@?, cuántos hijos tienes? Etcétera, y de esas derivan otras preguntas que son muy personales, incómodas e invasivas. Pues ese no es tema para ellos.
La distancia involucra también al espacio físico en aspectos que nosotros ni siquiera sospechamos. Recuerdo un día que fui a la oficina con una blusa formal de tiras, que no era escotada ni nada que se pueda considerar inapropiado en nuestro medio; sin embargo, mi jefe chino me llamó a su despacho y me pidió que me pusiera la chaqueta porque eso le hacía sentir muy incómodo.
Un asunto que nos parece muy conocido es la comida; sin embargo, creemos erróneamente que el chaulafán y el tallarín son platos auténticamente chinos. Tampoco falta la persona que piensa que comen ratón y escorpiones para el almuerzo, déjenme decirles que no es así.  China tiene una gastronomía tan vasta como su territorio, muy variada en estilos dependiendo de la región, así como en colores, sabores e ingredientes. Es un mundo que no se puede conocer si no se habla chino porque, para empezar, el menú está en caracteres.

Pero respecto a los gustos, podríamos decir que a los chinos, de forma general no les gusta la comida dulce, como pasteles, postres o helados, esto incluye también las bebidas como los jugos de frutas, el café o el chocolate. Las bebidas heladas creen que son poco saludables. Si toman una infusión de hierbas, no le ponen azúcar. Les encanta el té verde, no he conocido un chino que no lo tome y bueno, también el vinagre, la salsa de soya y el aceite de ajonjolí, cuyo uso es prácticamente nulo en nuestra gastronomía. Tampoco comen lácteos, nada de quesos, leche, yogur, que a nosotros nos encanta.
Los hobbies más difundidos son la pesca, el ping pong, el tai chi y el badminton. No practican deportes de contacto, que a nosotros nos hace sentir tan vivos como el fútbol y el baloncesto.

Un rasgo difícil de aceptar para nuestra cultura es que un chino no está ávido por exponer su punto de vista ni contar sus anécdotas, mucho menos detalles de su vida personal y no es que lo hacen de forma intencional sino que les parece irrelevante para el interlocutor. No entran en discusiones sobre temas de opinión de ningún tipo, simplemente no es su costumbre y menos de forma apasionada como a nosotros nos resulta tan fácil. Por dar un ejemplo, a pesar de que a la mayoría les parece absurda la creencia en la existencia de Dios, no intentan convencer al interlocutor ni argumentar al respecto. Ellos escuchan con atención, sin involucrarse y a veces hasta parecería que  comparten nuestra opinión, pero no es así. Tampoco es común que hagan juicios de valor de una situación o de una persona.  Temas incómodos con ellos: La política, el Tíbet, Taiwán.

Una consecuencia de esta forma de ser es que, en el trabajo no les gusta los colaboradores que opinan mucho, que tratan de hacer cosas diferentes a lo que el jefe solicita. Ellos esperan que un trabajador haga lo mejor que pueda respecto a lo que se le está pidiendo, que detecte un error, que prevea un riesgo, que encuentre al mejor proveedor, etc. pero nada de estarse inventando cosas y menos contradiciendo al superior. O sea, el súper profesional agresivo de alto perfil  no va con ellos.

Los chinos son personas que se rigen más por sus deberes que por sus pasiones por lo que para ellos la familia y el trabajo tienen otra dimensión. El formar una familia es una meta que no se relaciona obligatoriamente con el enamoramiento y es también una manera de cumplir con los mayores. Nos parecerá extraño, pero en varias zonas de China todavía se arreglan los matrimonios. Claro que esto nos lleva a pensar que no tienen sentimientos, nada más lejos de la realidad. Los chinos son reservados pero aman profundamente. Respecto al trabajo, para ellos es un deber moral, no en el sentido de que sea una carga, sino que es un imperativo, una forma de vivir la vida y por esto es una parte integral de la misma. Eso nos hace muy distintos, ya que regularmente nosotros pensamos que si tuviéramos más dinero, simplemente no trabajaríamos o nos causa compasión que ellos trabajen tanto.

Hay tantas otras cosas que hablar sobre ellos; es que son una cultura tan antigua en un país tan grande y definitivamente un pueblo con virtudes admirables. Para mí ha sido un privilegio que esa puerta se abra y sea parte de mi experiencia de vida. Esto ha ampliado mis horizontes y mi visión de la realidad porque es un mundo entero por descubrir.

Para finalizar y como dato curioso, los chinos no comparten la cuenta al ir a un restaurante, es decir, siempre alguien invita a los demás. Esto es parte de una interesante y colorida ceremonia social que será motivo de otra entrada de blog.